Capítulo 2

RUmbo a la isla

Llegó finalmente el día de partir. En el puerto, La Hispaniola, nuestro imponente barco, esperaba lista para zarpar, bajo el mando del serio y prudente Capitán Smollet. Mientras la tripulación cargaba provisiones y armas, una extraña inquietud se respiraba en el ambiente.

Antes de zarpar, el Capitán Smollet mostró abiertamente su preocupación al magistrado Trelawney, manifestando que no confiaba en el viaje ni en los hombres contratados. Temía que pudiera producirse un motín, y recomendó guardar armas y pólvora en un lugar seguro, además de dormir con hombres de absoluta confianza cerca del camarote principal. Aceptamos sus sugerencias, sintiendo cómo aumentaba la tensión en nuestra aventura.

Una vez en alta mar, empecé a conocer a la tripulación. Uno de ellos destacaba especialmente: el cocinero John Silver, conocido por todos como Pata de Palo. Silver tenía un aspecto peculiar con su pierna de madera y su inseparable loro llamado Capitán Flint. Era un hombre amable y alegre, que rápidamente ganó la simpatía de todos a bordo, incluido yo mismo. Jamás imaginé que pudiera ser el hombre peligroso del que me había advertido el viejo Capitán en la posada.

Una noche, mientras buscaba una manzana dentro de un barril en cubierta, accidentalmente escuché una conversación aterradora. Silver revelaba a otro marinero que había servido bajo las órdenes del terrible Capitán Flint y que planeaba apoderarse del tesoro, asesinándonos a todos una vez encontrado. Paralizado por el miedo, permanecí oculto hasta que la inesperada voz de otro marinero anunciando tierra desvió la atención de los conspiradores.

Aproveché la confusión para salir del barril sin ser visto y rápidamente conté al Capitán Smollet, al doctor Livesey y al magistrado Trelawney todo lo que había oído. Comprendimos que estábamos en grave peligro. Éramos siete contra diecinueve marineros y la desventaja era evidente. Pero teníamos que actuar con prudencia y paciencia si queríamos sobrevivir y encontrar el tesoro.